Hace 65 años, una docente de alma, llamada Elena María López de Flamarion, para nosotros Malén, daba inicio a un sueño que fuera el motor de algo más grande. Así, comenzó un camino que hoy es motivo de celebración y reconocimiento.
Su desafío y de quienes la sucedieron fue pensar una escuela con la mirada puesta en el futuro, de trabajo constante, capaz de formar personas autónomas, críticas, creativas, aptas para transformar sus vidas.
Siempre tuvieron la impronta de ofrecer una propuesta académica superadora enraizada en los valores que esta escuela sustenta y transmite, respeto, empatía, solidaridad, compromiso, honestidad, tolerancia, confianza, sentido de pertenencia, entre otros.
Pensando en una sociedad mejor moldearon un proyecto común, una ilusión compartida donde se fueron sumando, con el correr del tiempo, personas que creyeron en él, dándole forma, vida e identidad.
Cada uno demostró desde el ejemplo cotidiano la pasión por continuar ese legado. Entendiendo que el ejemplo no es un modo de enseñar, es la única forma de hacerlo.
Cada instante vivido, cada trayecto recorrido, cada momento compartido en nuestro querido Moreno es tiempo de construcción.
Queremos reconocer el empuje de todas las personas que forjaron nuestra historia, y de las que hoy sostienen, acompañan y trabajan para hacerlo crecer, impulsando a nuevos retos, desde nuestros sentimientos, nuestras raíces, desde la identidad de esta Institución.
Si nos preguntamos ¿qué es el Moreno? Seguramente encontramos palabras y sentimientos en común que lo definen, como ese lugar que es más que un espacio de trabajo, de crecimiento, de discusiones, de acuerdos y desacuerdos, de afectos y porque no de enojos …porque así funciona , como una familia, porque eso es el Moreno, esa familia que sabe cuál es su horizonte y que cada día trabaja para construir desde el afecto, desde sentirse parte, desde el trabajo en equipo y desde las oportunidades de crecer juntos.
Si tuviésemos que pensar que destacamos en la institución diríamos su gente… si, el Moreno es su gente, un entramado de vínculos, relaciones que se sustentan en el afecto, donde cada uno aporta algo especial y se complementa con el otro, logrando el equilibrio justo en ese hacer, asumiendo el compromiso de trabajar “formando futuro”.
Y no lo hacemos solos, nada sería posible sin el apoyo de las familias, que nos delegan su confianza, su solidaridad, que nos acompañan manteniendo un vínculo fuerte, sólido porque nuestra escuela es, la elección de generaciones.
Cada momento compartido aquí, se atesora en nuestra memoria y en nuestro corazón, cada uno de nosotros construye en el Moreno su hoja de vida, ese camino al que uno se aferra, que deja huella, donde damos y recibimos, donde descubrimos y afianzamos vínculos, donde escuchamos y damos respuestas, donde pensamos y hacemos junto al otro, donde concretamos hermosas experiencias, que rozan como viento de cola nuestras vidas.
Cuantos años pasaron caminando estos patios, compartiendo proyectos, reuniones, actos, momentos, anécdotas, historias que nos hacen recordar que nuestra hoja de vida, tiene el sello del Moreno, sintiéndonos parte de esta gran familia, de esta comunidad educativa que vimos crecer, de compartir un camino de oportunidades que a lo largo de los años nos dieron Malen, Clarita, Juan, Liliana y Laura. Gracias por permitirnos ser parte de esta historia.
Como dice Mario Benedetti:
“Porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y es el mejor momento. Solo logran sus sueños aquellos que se atreven a pensar que el sueño es superior a todas las circunstancias.”
Sigamos esforzándonos para lograrlo, con el mismo compromiso y con todo el amor que sentimos por nuestro querido Mariano Moreno.

